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¿Qué es la ley concursal y cómo funciona?

La morosidad y la insolvencia son situaciones bastante frecuentes tanto a nivel particular como en las empresas. Precisamente por ello se decidió actualizar la legislación a fin de establecer un sistema que permita la satisfacción de los acreedores en aquellos casos en los que las empresas tengan deudas.

La ley concursal es la Ley 22/2003, de 9 de julio. En su momento su principal novedad fue que acababa con las figuras de la quiebra y la suspensión de pagos, dando paso a un procedimiento conocido como concurso de acreedores, destinado a buscar una solución a la situación de insolvencia de las empresas.

¿Qué es el concurso de acreedores?

Se trata de un proceso judicial al que se acude cuando la empresa no tiene posibilidad de hacer frente a todas sus deudas. Este procedimiento busca dos objetivos, por un lado satisfacer el interés de los acreedores y por otro que la empresa pueda salir de esa situación sin necesidad de tener que desaparecer.

La situación de insolvencia

La empresa debe acudir al concurso de acreedores cuando no puede hacer frente a las cantidades debidas a sus acreedores. En estos casos existe una situación de insolvencia en la que la empresa no puede atender a sus obligaciones con diferentes acreedores: trabajadores, bancos, proveedores o Hacienda.

Lo que ocurre es que la empresa no tiene activo líquido suficiente como para responder de las obligaciones que ha contraído.

Diferentes tipos de concurso

El concurso de acreedores puede ser voluntario, si lo solicita el propio empresario, o necesario si lo solicita uno o varios acreedores.

Ambos concursos se tramitan básicamente igual, pero en el caso del concurso necesario el acreedor que ha iniciado el proceso consigue que su crédito pase a tener la condición de crédito privilegiado en un 25% del importe del mismo.

La administración concursal

Una vez que la empresa ha pasado a situación de concurso se designará para la misma un administrador concursal que tendrá las facultades de un administrador social. Además, si se trata de un concurso necesario, el administrador societario quedará suspendido de su cargo y será sustituido por el administrador concursal.

El administrador concursal se encargará de la gestión de la sociedad, intentado establecer acuerdos de esperas o quitas con los acreedores si se considera que la empresa es viable y puede sobrevivir al concurso.

En la mayoría de las ocasiones la empresa no es viable y se tiene que proceder a su liquidación para pagar a los acreedores con lo obtenido por la venta de activos. La liquidación también puede consistir en transmitir la totalidad de la empresa concursada a una empresa que sea viable y que asumiría las obligaciones de la empresa vendida.

Finalización del concurso

El concurso termina cuando el juez así lo declara, esta situación puede darse por haberse cumplido el convenio acordado entre empresa y acreedores; por haberse pagado totalmente los créditos; por no haber bienes suficientes para pagar a los acreedores o cuando renuncien a sus derechos de crédito la totalidad de los acreedores.

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